Un cañón militar histórico en lo alto de una fortaleza en Barcelona, España.

El golpe de Primo de Rivera del 13 de septiembre de 1923

El 13 de septiembre de 1923, Miguel Primo de Rivera encabezó un golpe de Estado que puso fin al sistema constitucional de la Restauración y abrió una dictadura que duró hasta 1930. La fecha sigue siendo decisiva para entender cómo una crisis política, militar y social desembocó en la suspensión de las reglas parlamentarias en España.

No fue un cambio de gobierno ordinario: el golpe alteró el funcionamiento de las instituciones, dejó las Cortes sin actividad efectiva y concentró el poder en un Directorio Militar. Alfonso XIII aceptó la situación y encargó el gobierno a Primo de Rivera, una decisión que vinculó a la Corona con el nuevo régimen.

Qué ocurrió el 13 de septiembre de 1923

Primo de Rivera era capitán general de Cataluña cuando difundió un manifiesto contra el sistema político de la Restauración. En él presentaba la intervención militar como respuesta a problemas que entonces ocupaban el debate público: la inestabilidad gubernamental, el descrédito del turnismo, la conflictividad social y la guerra de Marruecos.

El pronunciamiento encontró escasa resistencia organizada. En los días posteriores, el rey Alfonso XIII aceptó la dimisión del Gobierno constitucional y nombró a Primo de Rivera presidente de un Directorio Militar. La Real Academia de la Historia sitúa al militar en el centro de la dictadura iniciada aquel año.

La secuencia importa porque muestra que el golpe no fue solo una declaración militar. Necesitó una rápida sustitución de las autoridades constitucionales y la aceptación del monarca para consolidarse.

La crisis de la Restauración que precedió al golpe

La Restauración borbónica, iniciada en 1874, se apoyaba formalmente en una monarquía constitucional, las Cortes y la alternancia entre partidos. Sin embargo, durante las primeras décadas del siglo XX el modelo acumuló problemas de representación y legitimidad.

El sistema del turno entre conservadores y liberales se debilitó. El caciquismo y las prácticas electorales manipuladas alimentaban la distancia entre instituciones y ciudadanía, mientras crecían fuerzas republicanas, obreras, nacionalistas y reformistas que cuestionaban el orden establecido.

La situación se agravó con varios factores:

  • La conflictividad obrera y social, especialmente intensa en algunas zonas industriales.
  • La fragmentación de los partidos dinásticos y la sucesión de gobiernos de corta duración.
  • La crisis provocada por la guerra del Rif y el desastre de Annual de 1921.
  • La investigación parlamentaria sobre responsabilidades en Marruecos, conocida como expediente Picasso.

Estos elementos ayudan a explicar el clima de la época, pero no convierten el golpe en una consecuencia inevitable. La decisión de interrumpir el orden constitucional fue una elección política y militar concreta, respaldada después por la Corona.

Del Directorio Militar a la dictadura civil

La suspensión de la vida parlamentaria

Tras el golpe, se disolvieron las Cortes y quedaron suspendidas garantías constitucionales. El Directorio Militar gobernó mediante decretos y sustituyó en buena medida los mecanismos de deliberación parlamentaria por una estructura dependiente del poder ejecutivo y militar.

El Congreso de los Diputados conserva la referencia institucional de una historia parlamentaria española marcada por interrupciones y recuperaciones. El caso de 1923 es uno de los episodios fundamentales para comprender por qué la continuidad de las Cortes tiene un valor político y constitucional propio.

El golpe de Primo de Rivera del 13 de septiembre de 1923

En 1925, Primo de Rivera reemplazó el Directorio Militar por un Directorio Civil. El cambio buscaba dar mayor estabilidad y ampliar apoyos al régimen, pero no restauró un sistema parlamentario democrático. La Unión Patriótica funcionó como organización política oficialista, no como un partido competitivo en un régimen de libertades plenas.

Marruecos, obras públicas y límites del régimen

La dictadura obtuvo respaldo en sus primeros años gracias, entre otros factores, al desenlace de la guerra de Marruecos tras el desembarco de Alhucemas de 1925. También impulsó obras públicas y organismos económicos que proyectaban una imagen de modernización.

Sin embargo, esos resultados no resolvieron la falta de una base constitucional consensuada. La Asamblea Nacional Consultiva creada en 1927 no sustituyó a unas Cortes elegidas con capacidad legislativa efectiva. La oposición de sectores republicanos, intelectuales, obreros, nacionalistas y parte del Ejército fue creciendo.

El papel de Alfonso XIII y la responsabilidad institucional

Alfonso XIII no dirigió el golpe, pero su aceptación fue decisiva para que la operación se transformara en dictadura. Al encargar el gobierno a Primo de Rivera en lugar de defender la continuidad constitucional, el rey asumió una responsabilidad política de gran alcance.

La relación entre monarquía y dictadura condicionó los años posteriores. Cuando Primo de Rivera dimitió en enero de 1930, el intento de volver gradualmente a la normalidad constitucional no logró recuperar la confianza perdida. La crisis de la monarquía aceleró el proceso que culminó con la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931.

Por eso el estudio del golpe no se limita a la figura de un general. También obliga a examinar el papel de la jefatura del Estado, los límites de los partidos de la Restauración y la fragilidad de las instituciones cuando pierden capacidad para procesar conflictos dentro de la ley.

Una cronología histórica, no un atajo para el debate actual

La efeméride suele reaparecer en discusiones políticas contemporáneas. Comparar períodos puede ser útil si se hace con precisión, pero equiparar situaciones distintas sin atender a sus instituciones, actores y condiciones históricas empobrece el análisis.

España de 1923 tenía un marco constitucional, una estructura social y una relación entre Ejército, Corona y partidos muy diferentes de las actuales. El interés cívico de recordar la fecha no consiste en aplicar etiquetas automáticas al presente, sino en entender las consecuencias de abandonar los procedimientos constitucionales.

La dictadura de Primo de Rivera terminó formalmente el 28 de enero de 1930, cuando el general presentó su dimisión. El siguiente hito verificable para seguir la secuencia histórica es la convocatoria de elecciones municipales de abril de 1931, cuyo resultado abrió el cambio de régimen.

Source: Real Academia de la Historia

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